Por orden de llegada
Se paran en los riscos
Las cabras con su dueña,
Cabrera con varilla,
de rojo la pollera,
de luz las pantorrillas.
El viento la acorrala
con goce relamido,
le talla la cintura
a golpe de cuchillo,
los pechos de naranjas
con néctar reprimido.
Ladera que la piedra
calienta y martiriza,
el sol con todo el peso
de fierros encendidos,
y abajo pobres aguas,
palpando sus resquicios.
¡Qué bella la muchacha
tostada como harina,
con hondos ojos negros,
sus labios de amatista,
los dientes con un rayo
de luna en el estío!
Caminos que se pierden
en lomas sin sombrillas,
los chivos esperando
que se abran los apriscos
que avancen a las peñas
las cabras escondidas.
Si llega tu cabrero,
señora con tus crías,
no mires a las cabras
que suben a la cima,
acuéstalo en tu pelo
debajo del membrillo.
Calienta y martiriza,
El sol con todo el peso
De fierros encendidos,
Y abajo pobres aguas
Palpando sus resquicios.
Jorge Jobet,
1983
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