mercoledì 28 marzo 2007

Lilas

Hoy truena en Carbondale, amado padre,
país que no querías,
revés de un cuerpo roto a la distancia,
angustia de estar vivo,
y duermes en Temuco verdepájaro,
tu almohada prometida,
aquí con unos brotes y el recuerdo
de un búcaro de lilas.

Podría confirmarte que estoy solo,
guardián de tu partida,
jaspeado sin un cobre en la antesala
del mármol y del ripio,
muriendo a cada golpe que te entierra
con pala empedernida,
lluviosos los espectros sin memoria,
la sábana en un hilo,
padre, me está matando
el olor de las lilas.

La nada queda abajo desde ahora,
tus chúcaros novillos,
la sopa que nos distes con esmero,
el lápiz y el espíritu,
el cuaderno primario de la escuela,
del liceo los signos,
el honrado boleto de tercera
en el andén de hollines.

Bufan lejanos carros del oeste,
sus sirenas horribles,
el mismo ruido mago de mi infancia,
idéntica desdicha,
y vuelven a rondar los goterones,
a empañarme la vista,
padre, ¿dónde tu manta
con su ramo de lilas?

Jorge Jobet
1965

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